domingo, 22 de noviembre de 2015

Mi acantilado

Tantas y tantas veces observando este paisaje. Tantas y tantas veces volviendo al mismo punto. El aire sopla delicado, tierno, y el día casi siempre está gris. Es una mezcla de cielo cubierto y bruma de mar. Un mar que choca atento contra las rocas que se ven abajo del acantilado. Es magnífico verlo y sentir con algo de vértigo como allí abajo se crea la espuma, esa espuma resultado de la emoción que transmite el mar, demostrando lo fuerte y grandioso que puede ser comparado conmigo, aquí arriba admirando y pensando en lo curioso de la vida.  La verdad es que es un lugar extraordinario, solitario, necesario, tranquilo, anhelado. Un lugar que me ayuda a pensar, a recapacitar, a soñar. No es un paisaje alegre, tampoco triste, es un paisaje mágico porque tiene la capacidad de enseñarme lo que siento, de hundirme en mis sentimientos. Es un paisaje que proyecta mi estado de ánimo, por eso vengo a valorar y trabajar mis peores momentos.

Me acuerdo de mi primera vez aquí a los 9 años. Me trajo mi abuelo. Estaba triste, él no solía sonreír, pero tampoco lo había visto triste hasta entonces. Aquí me explicó con serenidad y delicadeza que la abuela estaba enferma, estaba muriéndose. Siempre recordaré aquél sonido, el sonido del corazón de mi abuelo partiéndose en dos. Un trozo se lo llevó mi abuela y el otro me lo quedé yo cuando él se fue. Volví a mi acantilado en las dos ocasiones, a llorar a mis dos corazones. Con 16 años regresé, necesitaba gritar, esta vez de euforia y alegría, por mi primer beso. Me tumbé al borde del acantilado mirando hacia abajo, sonreí y soñé durante casi dos horas, hasta que entumecida por el frío volví a casa. Ya no pisé aquél lugar hasta años más tarde, cuando necesité reflexionar y llenar mi ser de fuerzas para superar el cáncer de mi madre, algo muy repentino que me asustaba profundamente, pero confié en las fuerzas de aquél paisaje eterno. Poco después me arrastré hacia allí y lloré, grité, me desgarré por dentro. Mi madre, tras mucho sufrimiento, murió. Lo curioso es que descansé mucho después de ese día, creo que los sentimientos me tenían agotada y sin fuerzas, el poder vomitarlos literalmente por el acantilado me ayudó. Ese día no hacía frío, tampoco calor, el lugar no me afectaba. Toda la energía, el calor y el frío lo llevaba yo dentro. A los dos años allí comenzó mi luna de miel. Yo recuerdo que el sol brillaba, pero Aitor asegura que el día era gris. El lugar traslada lo que siento, yo lo recordaré siempre con sol. Nos tumbamos en el acantilado y le mostré a Aitor las vistas del mar, de las olas, de la espuma y él me mostró el otro lado, miramos hacia el cielo. Nos reímos, nos besamos, soñamos e inventamos un futuro. Fue una tarde maravillosa.

En este momento me encuentro en mi última visita al acantilado, que tanto me ha ayudado a trabajar y expresar mis emociones, a valorar mis sentimientos y verme por dentro y por fuera. Me doy cuenta de que soy una persona que se queda fijada en los disgustos de la vida, nunca he sido optimista, más bien me considero pesimista. Mi cabeza es más positiva, pero mis entrañas le dan mucha importancia a lo difícil, a lo molesto de la vida. Hace tres meses me diagnosticaron un cáncer de útero. Aitor supera rápido las dificultades, “lo superaremos” dice, “tener hijos no lo es todo” deja caer. Hace semanas que no nos abrazamos. Yo no soy como él. Así que aquí estoy, haciendo un repaso de mi camino por la vida. No me siento bien, estoy hundida, destrozada, angustiada y aterrorizada. No puedo con mi cuerpo, el cáncer me pesa, el día a día me pesa, ya no puedo más. Sólo tengo fuerzas para llorar, y desgasto muchas.

Miro al acantilado, está más alto de lo normal, veo el mar muy lejano. Lo observo durante mucho rato, le doy las gracias, no sé muy bien a qué, pero agradezco a esta energía todo lo que me ha aportado. Y lloro. Y sigo llorando. Me acerco otra vez al acantilado a sentir ese vértigo que da la vida y el lugar. Respiro hondo. Dice la gente que en los últimos segundos todo el mundo se arrepiente… yo no.

sábado, 14 de noviembre de 2015

Eres precioso


Te miro y aún no me lo creo. No puedo creer que estés aquí, en mis brazos, en mis miradas, en mis sonrisas, en mis planes… junto a mí. Fue un proceso bonito, incluso perfecto, no lo cambiaría. El deseo, la espera, los planes, las ilusiones, llevarte en mí, dentro de mí. Es complicado, no sabría explicar cómo pude enamorarme de ti tan pronto y sin tan siquiera haberte conocido, es un amor increíblemente fuerte, no se rompe por muchos momentos difíciles y duros que pasemos juntos, por mucha desesperación que sintamos, por muchas lágrimas que se escapen, por muchas dudas que surjan y por mucho cansancio que carguemos, este amor es fuerte, es resistente, es enorme. Fueron muchos meses los que te esperé y jamás habría podido imaginar cómo serías o como serían nuestros momentos, nuestras vidas. Pude fantasear y lo hice, pero nunca habría podido alcanzar a ver lo bonito que es tenerte en mi vida. Eres precioso.

Llegaste a los brazos de tu aita un 17 de septiembre después de luchar, resistir y no parar ni un segundo por respirar nuestro aliento, lo hiciste genial y te acompañamos en el proceso desde el principio hasta el final con mucha fuerza y concentración, estuvimos tu aita y ama contigo, no te dejamos ni un segundo, siempre conectados. Al muy poquito de que el aire entrase en tus pulmones y de que pudieses respirar el cálido aroma del aita, pudiste respirar la ternura con la que yo te esperaba. Ya lloraba de felicidad cuando me abrazaste y seguí mientras nos fundimos piel con piel, pecho con pecho, corazón con corazón. No pude controlar como viniste al mundo, tampoco lo esperaba hacer y tampoco fue lo que esperaba, pero puedo asegurar que nada interfirió en esos minutos en los que te miré, te olí, te besé y te sostuve a la vez que tú me mirabas en silencio, atento y tranquilo. Fue un momento casi tan hermoso como el que segundos más tarde tuvimos con tu aita. Los dos llorábamos mientras nos besábamos, te mirábamos y nos fundíamos esta vez los tres. Nos mirabas tan pequeñito y con unos ojos tan grandes cargados de interés y ganas de ver y vivir. Eres precioso.

Desde que te vimos por primera vez nuestra vida cambió, creo que es imposible que no cambiara. Han sido casi dos meses ya los que hemos vivido cargados de momentos intensos, tiernos, divertidos, preciosos. Mirarte se ha convertido en mi pasión y tenerte en brazos no es una elección, es un gusto. Tus miradas son capaces de calmar cualquier angustia, tu voz puede sacar una sonrisa a un rostro desesperado, tus gestos saben parar el mundo y tu sonrisa sacude el más grande de los cansancios contagiando a cualquier bostezo y convirtiéndolo en una gran sonrisa tierna y llena de amor. No sería la primera vez que me levantas de madrugada ya despejado y yo muero de cansancio, creo que no podré con el largo día, siento que mi vida pesa, que mi amor por ti se derretirá si seguimos así y que mi desesperación e irritabilidad va en aumento conforme me levanto y enciendo la luz para ir al salón a aguantar las horas. Pero de repente al encender la luz veo como sonríes y tu rostro me ilumina, con tan solo una sonrisa de lado a lado de tu cara eres capaz de que todo lo negativo desaparezca de mi mente, que mi cuerpo deje de pesar y que te coja mientras te beso para ir al salón a disfrutar las horas. Eres precioso.

Puedo asegurar que ser madre o padre es algo complicado, nunca habría imaginado las contradicciones que se llegan a sentir cuando sabes que es mejor para tu bebé pero lo poco cómodo que es para ti y para tu vida. Mi libertad como mujer se paraliza por amamantarte a demanda, a veces siento que estoy todo el día pegada a ti por ello, pero a su vez no concibo la lactancia materna de otra manera, no podría hacerlo de otro modo. Te porteo durante todo el día por gusto y convicción, aunque esto haga que no pueda casi ni ir al baño sin ti. Disfruto del colecho aunque esto suponga alguna que otra crítica, consejo o comentario inoportuno, nunca negaré que me encanta acostarme contigo. Por ello llego a la conclusión de que esto es amor con mayúsculas, porque aunque sea difícil, duro y ate muchísimo, qué no haría yo por ti pequeño, por tu salud, por tu felicidad. Esto es amor. Me merece la pena, nos merece la pena. Y es que eres precioso.

Dicen que el primer mes es el más difícil. Quizás yo diría que los dos primeros meses son los que más dudas generan. Pero es cuestión de conocerse como madre, de conocer a tu pequeño, de que el nuevo bebé se adapte al mundo y tú acompañes esa adaptación. Es cuestión de paciencia, amor y actitud. Es cuestión de ver la maternidad y la paternidad como lo que es, como un acompañamiento a tu hijo en su vida, en formarse como niño, más tarde como joven y después como adulto. Cómo no te voy a acompañar con todo lo que tú me acompañas como madre, con todo  lo que haces por mí, con todo lo que me das y aportas, con tanto que me enseñas… tú no lo sabes, pero eres muy importante, eres único, no hay nadie como tu mi amor. Tu ser te hace único a ti como hijo nuestro y únicos a nosotros como tus gurasos. Eres precioso.

Eres precioso. Eres fácil de sentir, eres fácil de amar, eres fácil de mirar, eres fácil de abrazar, eres fácil de besar… sin embargo, que difícil eres de olvidar.

miércoles, 11 de noviembre de 2015

¡Comenzamos!


Qué difícil es comenzar, qué decir, cómo decirlo… este blog no tiene un tema concreto, quizás eso es lo primero que hay que aclarar, son ideas, porque me encanta caminar entre ideas, me apasiona.

Todo comienza con la necesidad de expresar, de contar, de exteriorizar ideas, pensamientos y emociones. Así comencé a escribir, en silencio. Todo lo que no me atrevía a decir o a pensar en voz alta, lo exteriorizaba en forma de relatos, pequeños escritos y ciertos bocetos. Pronto se convirtió en una afición y me animé a escribir pequeños relatos, de todo un poco, en papelajos que luego perdía. Tardé dos años en tomármelo en serio y escribir en el ordenador guardando lo creado, pero no fue hasta bastante más tarde que me he atrevido a compartirlo con l@s más cercanos.

No sé por qué, pero ahora me atrevo a compartirlo con todo el que le apetezca asomar la cabeza por aquí. No sin miedo, nervios y mucha ilusión, porque lo más importante de este blog es que me atrevo a mostrar mis relatos, mis escritos, me expongo ante vosotr@s, me atrevo a mostrarme y a hacer el ridículo si hace falta, no me importa, porque ahora me atrevo, me apetece y me gusta.

Me parece importante advertir y admitir que no sé si esto durará un mes, un año o toda una vida ya que tengo muchas ganas, muchas ideas y un precioso renacuajo de dos meses. Sé que no va a ser fácil sacar tiempo, de hecho, en este momento lo tengo apoyado sobre mi pecho, pero os doy la bienvenida a un camino que recorreré sin planes, sin control y con mucha ilusión.

Nos vemos!