Hay días fáciles y días difíciles, la vida es así. Llevamos muchos años en ella y sabemos k a días cuesta más y a días no cuesta nada. Y lo sabemos porque como he dicho, tenemos unos cuantos años de experiencia. Pero aun sabiendo que las rachas son solo eso, rachas pasajeras, nos cuesta igual, lo pasamos igual de mal y nos desesperamos, nos enfadamos. Pero si miramos a un niño o niña, la cosa cambia. Una criatura no puede dar el coñazo de esta manera, no puede tener días de pataletas, no puede explotar a diario ni seguir retando de esta manera más tiempo. Esa criatura si debe saber gestionar lo que nosotros todavía no logramos. Porque nos molesta, porque trastoca nuestra paz, nuestra vida anterior. Pues bienvenido al mundo de la ma-paternidad, que... ¡sorpresa! Ya no es como antes de tener hij@s ni lo va a volver a ser jamás. ¿No lo esperabas? Pues vete haciendo a la idea que esto va para largo. Tendrás días maravillosos y tendrás días horribles, pero esos días jamás son por responsabilidad de tus hijos o hijas, son tu responsabilidad. Porque la mayoría de conflictos, rabietas y luchas diarias son porque no sabemos gestionar, no sabemos gestionarlos y no sabemos gestionarnos. Jamás hay venganza ni vacile en sus acciones y prueba de ello está en que a los 10 minutos actuan como si no hubiesen echo enfadar a la madre que les parió sacando la bestia que hay dentro de ella. "Ya estoy tranquil@, ya he sacado toda la rabia que tenía dentro por no se que motivo, ya me he desahogado y soy la de antes, la adorable. Pero solo hasta la siguiente..." No son adultos, no saben controlar sus impulsos, no saben gestionar sus emociones, no saben anticipar que esto dolerá a papá y mejor me como mis nervios y lo complazco con un abrazo en vez de montar el pollo, no saben salir a correr hasta quemar literalmente esa mala hostia, ese mal día, ese mal momento, ese maldito recuerdo o ese desasosiego que quema por dentro. No os engañéis, los adultos tampoco sabemos y por eso algunos dan un cachete al niño o niña, al perro, a la mesa, gritan o castigan, dan portazos o insultan. Somos iguales, pero con diferentes maneras, somos iguales, pero con más experiencia. No miréis a una criatura desde la superioridad, desde el porqué me estás haciendo esto porque no hay una responsabilidad en sus actos. Solo hay impulsos. Y la única razón de porqué no hay vaciles y responsabilidades es sencilla, su cerebro no les deja, su cerebro no está maduro y actúa por grandes impulsos y aquí entra la maldita amigdala culpable de muchas rabietas en estado de desintegración. Esos momentos en que grita y patalea fuera de si desgañitándose. En esos momentos no escucha, no razona, no comprende, el cerebro no conecta porque la amigdala no le deja pasar información de la parte emocional a la lógica. Y no, ahora no solo hablo de niñ@s, también actuamos así los adultos con nuestra amigdalita en por ejemplo... el coche, el futbol, el ordenador, dolor, rencor... No juzguéis a l@s más pequeñ@s, porque l@s adult@s somos muy parecid@s. Crecerán y algún día pensaremos eso de... Donde está mi bebé, donde está esa pequeña criatura, cuando ha pasado tan rápido el tiempo, quiero volver atrás. Y no, no podrás. La sensación es que el momento perfecto o pasó o está por pasar, así que intenta ser feliz en el aquí y en el ahora.