¡Qué maravilla de paisaje! Me encanta
asomarme a la barandilla de la terraza de la casa de tío Alfonso. Es curioso,
todo el mundo le llama tío Alfonso. No sólo sus sobrinos no, todo el pueblo. Ni
siquiera él se acuerda de cuándo empezaron a llamarle así, de hecho, ni tenía
sobrinos por aquella época. Apoyarme en esta barandilla y perderme en el
paisaje es mi afición número uno desde que me rompí la pata. Qué horror ¡qué
daño! mejor ni recordar el momento. Sobre todo por el ridículo que hice. No sólo
fue el dolor, sino también aguantar la vergüenza de que me viese todo el restaurante
cómo me acercaba a toda prisa, me estampaba contra el cristal y me caía al
suelo, con la mala suerte de caer fatal y retorcerme de dolor al oír el crack.
Siempre he sido torpe, he sobrevivido a base de golpes. Quizás por eso me
encanta venir aquí y mirar, perderme en el paisaje, en el momento.
Desde aquí puedo disfrutar del silencio,
coger aire profundamente y respirar. Qué maravilla. Meditar con el atardecer en
frente es precioso, sobre todo en estas tardes de otoño en las que el sol
todavía calienta mientras se empieza a notar el fresco del invierno que quiere
llegar. El paisaje es completamente espectacular, con toda la gama de colores
que acompaña a la estación, el monte enfrente y el río a la izquierda intuyéndose
detrás de la línea de árboles amarillos, granates, verdes, marrones… A la
derecha, el final del pueblo y el parque con los niños y niñas que aprovechan
los últimos rayos de este precioso sol que está a punto de esconderse. Cómo me
gustaría poder correr, saltar, deslizarme, reír, jugar… como los peques del
parque. Paloma, paloma… deja de soñar, o mejor, dedícate a ello que no puedes
hacer mucho más. Ojalá, siempre el ojalá en la cabeza. A veces dudo si es mejor
vivir feliz en la fantasía de los sueños o será mejor bajar a la realidad y con
un jarro de agua fría despertar y aceptar y vivir la vida que a cada una le
toca… Fantasear da alas, da esperanza, objetivos, color. La realidad no, quizás
eso es lo bonito de la vida, me cuesta verlo, pero eso es la vida. Es un lienzo
en blanco deseando ser pintado. Tú le pones las alas, la esperanza, los
objetivos y el color. Qué bonito, qué gran oportunidad la vida.
¡Uy! Me voy que viene tío Alfonso con la
escoba.
-Venga ¡fuera! ¡Me lo pones todo perdido!
Putas palomas…