Te miro y aún no me lo creo. No puedo creer
que estés aquí, en mis brazos, en mis miradas, en mis sonrisas, en mis planes…
junto a mí. Fue un proceso bonito, incluso perfecto, no lo cambiaría. El deseo,
la espera, los planes, las ilusiones, llevarte en mí, dentro de mí. Es complicado,
no sabría explicar cómo pude enamorarme de ti tan pronto y sin tan siquiera
haberte conocido, es un amor increíblemente fuerte, no se rompe por muchos
momentos difíciles y duros que pasemos juntos, por mucha desesperación que
sintamos, por muchas lágrimas que se escapen, por muchas dudas que surjan y por
mucho cansancio que carguemos, este amor es fuerte, es resistente, es enorme.
Fueron muchos meses los que te esperé y jamás habría podido imaginar cómo
serías o como serían nuestros momentos, nuestras vidas. Pude fantasear y lo
hice, pero nunca habría podido alcanzar a ver lo bonito que es tenerte en mi
vida. Eres precioso.
Llegaste a los brazos de tu aita un 17 de
septiembre después de luchar, resistir y no parar ni un segundo por respirar
nuestro aliento, lo hiciste genial y te acompañamos en el proceso desde el
principio hasta el final con mucha fuerza y concentración, estuvimos tu aita y
ama contigo, no te dejamos ni un segundo, siempre conectados. Al muy poquito de
que el aire entrase en tus pulmones y de que pudieses respirar el cálido aroma
del aita, pudiste respirar la ternura con la que yo te esperaba. Ya lloraba de
felicidad cuando me abrazaste y seguí mientras nos fundimos piel con piel,
pecho con pecho, corazón con corazón. No pude controlar como viniste al mundo,
tampoco lo esperaba hacer y tampoco fue lo que esperaba, pero puedo asegurar
que nada interfirió en esos minutos en los que te miré, te olí, te besé y te
sostuve a la vez que tú me mirabas en silencio, atento y tranquilo. Fue un
momento casi tan hermoso como el que segundos más tarde tuvimos con tu aita.
Los dos llorábamos mientras nos besábamos, te mirábamos y nos fundíamos esta
vez los tres. Nos mirabas tan pequeñito y con unos ojos tan grandes cargados de
interés y ganas de ver y vivir. Eres precioso.
Desde que te vimos por primera vez nuestra
vida cambió, creo que es imposible que no cambiara. Han sido casi dos meses ya los
que hemos vivido cargados de momentos intensos, tiernos, divertidos, preciosos.
Mirarte se ha convertido en mi pasión y tenerte en brazos no es una elección,
es un gusto. Tus miradas son capaces de calmar cualquier angustia, tu voz puede
sacar una sonrisa a un rostro desesperado, tus gestos saben parar el mundo y tu
sonrisa sacude el más grande de los cansancios contagiando a cualquier bostezo y
convirtiéndolo en una gran sonrisa tierna y llena de amor. No sería la primera
vez que me levantas de madrugada ya despejado y yo muero de cansancio, creo que
no podré con el largo día, siento que mi vida pesa, que mi amor por ti se
derretirá si seguimos así y que mi desesperación e irritabilidad va en aumento
conforme me levanto y enciendo la luz para ir al salón a aguantar las horas.
Pero de repente al encender la luz veo como sonríes y tu rostro me ilumina, con
tan solo una sonrisa de lado a lado de tu cara eres capaz de que todo lo
negativo desaparezca de mi mente, que mi cuerpo deje de pesar y que te coja
mientras te beso para ir al salón a disfrutar las horas. Eres precioso.
Puedo asegurar que ser madre o padre es algo
complicado, nunca habría imaginado las contradicciones que se llegan a sentir cuando
sabes que es mejor para tu bebé pero lo poco cómodo que es para ti y para tu
vida. Mi libertad como mujer se paraliza por amamantarte a demanda, a veces
siento que estoy todo el día pegada a ti por ello, pero a su vez no concibo la
lactancia materna de otra manera, no podría hacerlo de otro modo. Te porteo
durante todo el día por gusto y convicción, aunque esto haga que no pueda casi
ni ir al baño sin ti. Disfruto del colecho aunque esto suponga alguna que otra
crítica, consejo o comentario inoportuno, nunca negaré que me encanta acostarme
contigo. Por ello llego a la conclusión de que esto es amor con mayúsculas,
porque aunque sea difícil, duro y ate muchísimo, qué no haría yo por ti
pequeño, por tu salud, por tu felicidad. Esto es amor. Me merece la pena, nos
merece la pena. Y es que eres precioso.
Dicen que el primer mes es el más difícil.
Quizás yo diría que los dos primeros meses son los que más dudas generan. Pero
es cuestión de conocerse como madre, de conocer a tu pequeño, de que el nuevo
bebé se adapte al mundo y tú acompañes esa adaptación. Es cuestión de
paciencia, amor y actitud. Es cuestión de ver la maternidad y la paternidad
como lo que es, como un acompañamiento a tu hijo en su vida, en formarse como
niño, más tarde como joven y después como adulto. Cómo no te voy a acompañar
con todo lo que tú me acompañas como madre, con todo lo que haces por mí, con todo lo que me das y
aportas, con tanto que me enseñas… tú no lo sabes, pero eres muy importante,
eres único, no hay nadie como tu mi amor. Tu ser te hace único a ti como hijo
nuestro y únicos a nosotros como tus gurasos. Eres precioso.
Eres precioso. Eres fácil de sentir, eres
fácil de amar, eres fácil de mirar, eres fácil de abrazar, eres fácil de besar…
sin embargo, que difícil eres de olvidar.
Mis relatos no serán tan personales, pero me apetecía como primera entrada hacer un guiño a mi preciosa familia.
ResponderEliminarQué maravilla poder leerte. Cuando se juntan las dos cosas más bonitas del mundo es normal que salga algo así. Sois preciosos!
ResponderEliminarGracias amor, que haría yo sin ti a mi lado. Todo camino es más fácil y cómodo contigo acompañándome.
ResponderEliminarBenetan hunkigarria, zein ederra den amatasuna eta zure hitzekin azalduta askoz gehiago.
ResponderEliminarBenetan hunkigarria, zein ederra den amatasuna eta zure hitzekin azalduta askoz gehiago.
ResponderEliminarBai, amatasuna zoragarria da benetan. Mila esker hemen egoteagatik eta zure hitzengatik.
Eliminar